miércoles, 25 de abril de 2012

El último asalto


En la fotografía se puede observar a un policía rescatando a un trabajador de camisea. Éste fue capturado por guerrilleros de Sendero Luminoso hace 15 días. Desgraciadamente, el paradero de Gabriel, el cabecilla terrorista, aún es desconocido.

lunes, 23 de abril de 2012

La compasión de Kafka



Una mañana de 1923, en el parque Steglitz de Berlín, Franz Kafka encuentra a una niña llorando. Cuando le pregunta qué le pasa, la niña le contesta que ha perdido su muñeca. Kafka le responde que su muñeca no está perdida. Más bien se ha ido de viaje. Los ojos de la niña cobran vida. ¿De verdad? Claro, le contesta el escritor. ¿Y cómo lo sabes? Porque ella me lo ha dicho, le insiste Kafka. Me ha escrito una carta y me ha contado que está de viaje. Dice que no te preocupes por ella.


La niña se pone de pie y le pide a Kafka que le traiga la carta. Por supuesto, le contesta el escritor. Mañana mismo nos encontramos en este lugar y te traigo la carta de tu muñeca.

Esa noche, Kafka vuelve a su casa y escribe una carta en nombre de la muñeca. En ella, le cuenta a la niña de los pormenores de su viaje y le dice que la extraña. Para hacerlo todo más creíble, el escritor pega en el sobre una estampilla que le había llegado desde Londres. Al día siguiente, lleva la carta a la niña que se alegra mucho y que le pide otra carta de la muñeca que Kafka otra vez, rigurosamente, le escribe.

Kafka no era solo el escritor que supo dar forma a la desesperanza en obras maestras como La metamorfosis y El proceso. En esta historia también era un hombre sensible y compasivo, capaz de dar esperanza a una niña que lloraba en la calle. En el fondo de su pesimismo esencial, quizá como causa de él, la anécdota muestra que había un corazón alerta, capaz de inventar una fábula como consuelo. El artista que graficaba el escepticismo de la Europa de entreguerras y que definía el ámbito de la literatura contemporánea, era también un hombre atento a la posibilidad de salvar a una niña con aquello que mejor conocía: la ficción.

El año pasado, visité la editorial Wagenbach. Conversando en su oficina con Marco, le comenté que había leído la biografía de Kafka de Klaus Wagenbach y le pregunté si su autor tenía que ver con la editorial. Claro que sí, dijo mientras se ponía de pie para presentarme al señor Klaus Wagenbach que entraba en la oficina en ese momento.

La historia no termina allí, agregó. Hay un detalle más. Un día, Kafka se cansa de escribir cartas de la muñeca para la niña y le escribe una carta final. En ella, la muñeca le cuenta a la niña que se ha casado, que vive feliz con su familia y que ya no tendrá tiempo de escribirle. Kafka le lleva la carta a la niña que la atesora. Por fin puede estar tranquila. Su muñeca tiene una familia, vivirá feliz para siempre y ella lo sabe. La ficción la ha salvado.


domingo, 15 de abril de 2012

¿Leer o mirar?




Hoy en día, no es tan difícil o trabajoso acceder a la información. No es raro que, al hacer un trabajo de investigación, se recurra al ordenador, pues éste, con una conexión a internet, es una fuente amplia y muy accesible de conocimiento. De igual manera, tampoco es raro que niños y jóvenes, así como adultos, aprendan la historia de nuestro país o del mundo sin necesidad de leer libros o haber estado en una clase. Tan solo basta con prender el televisor y encontrar el canal adecuado (ejemplo: The History Channel). Todo este avance de las telecomunicaciones nos ha facilitado el acceso a un conocimiento que antes nos era muy difícil extraer. Pero, ¿estamos ganando más de lo que perdemos?

Si bien, la aparición del televisor y el ordenador han sido un avance tecnológico muy beneficioso, también han sido una causa fundamental de la decadencia del libro y la lectura. La mayor de parte de conocimientos que poseemos, proviene de haberlos leído. Podemos abastecernos de cierta información por medio de programas de televisión; no obstante, la información no tendrá la misma calidad que la extraída de un libro. Esto es porque, el libro y la escritura, operan con una sucesión de estímulos colocados en línea, lo cual permite analizarlos y articularlos. En cambio, la televisión y el ordenador, operan sobre datos simultáneos, que se presentan en el mismo momento y sin un orden establecido. Por lo tanto, se pierde también la capacidad de analizar mejor la información, procesarla y entenderla.

Por otro lado, es mucho más fácil conseguir información de la internet que de los libros. Sin embargo, con el libro tienes la garantía de que éste ha sido revisado, aprobado por una editorial y luego mandado a una biblioteca o librería. Por lo que, la información es confiable. En cambio, en la internet no hay restricciones y la probabilidad de encontrar información falsa o distorsionada es muy alta. Esto es debido a que no hay un personal que se encargue de separar la información real de la ficticia; lo objetivo de lo subjetivo.

En conclusión, en esta Tercera Fase, se está perdiendo la lectura y la escritura, lo cual es perjudicial para el conocimiento. El abastecerse de información por medio de un televisor o un ordenador no es malo, pero tampoco es la mejor manera de obtenerla. Podría servir como un apoyo de un tema ya leído y estudiado previamente. La respuesta a la pregunta inicial es no. Se pierde más de lo que se gana. Se gana facilidad, pero se pierde calidad, confiabilidad. La lectura y la escritura son la mejor manera de obtener conocimiento.




La evolución digital



El documental “Prometeus 2050. La revolución de los medios” explica el avance que estos han tenido, desde la creación del internet, hasta un futuro supuesto, ubicado en el año 2050. Presenta casos, que son consecuencias de dicho fenómeno, como el cambio brusco de la manera de conseguir información, entretenimiento, etcétera. Las empresas invierten en el aspecto digital y se forman leyes en función a este nuevo mundo virtual. Con lo que se llega a la conclusión de que, en el futuro, la internet será el medio de comunicación más importante.