domingo, 13 de mayo de 2012

La piedra



Una noche, un joven intentaba terminar de escribir un cuento que había estado trabajando desde hace mucho. De pronto, escuchó un maullido. Se dirigió hasta la ventana y se encontró con un gato que estaba en el techo de la casa de al lado.


Como no le permitía concentrarse, lo espantó y regresó a continuar con su trabajo. Al rato, se le volvió a escuchar. Desesperado, miró hacia su escritorio y tomó el pisapapeles que le había regalado su abuelo. Caminó a la ventana y lo arrojó hacia el animal; no se volvió a escuchar el maullido jamás.


Al día siguiente, fue a la casa de al lado a recuperar el pisapapel. Tocó la puerta y una anciana salió a atenderlo. Él le informo el porqué de su visita y ella accedió a ayudarlo. En la azotea no encontró nada. Buscó en el patio y tampoco. En toda la casa, nunca encontró nada. El obsequio de su abuelo había desaparecido.


Ha pasado cinco años. El joven publicó su cuento y tuvo mucho éxito. Ahora vive en Paris, en el barrio latino. Una tarde, aburrido de estar en casa, decidió salir a caminar por las calles parisinas. Caminaba lentamente, observando, con mayor atención de la habitual, todo su entorno.


Caminó sin destino hasta que tropezó con una tienda que le llamó la atención. Comenzó a observar los objetos y, de pronto, se quedó petrificado al observar una piedra en la exhibición. Llamó al gerente inmediatamente. Cuando éste llegó, el joven le preguntó cómo lo había conseguido. “Esa piedra ya estaba ahí cuando yo comencé a trabajar”, le dijo. Increíble, era el pisapapeles que le regaló su abuelo.

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